La planificación fiscal legítima no es buscar atajos: es ordenar la estructura societaria, la retribución de socios y administradores y los incentivos del Impuesto sobre Sociedades para que tu empresa pague lo justo, ni un euro de más.
La mayoría de empresarios descubre cuánto debe a Hacienda cuando ya no puede hacer nada. Y sí existen decisiones que habrían reducido la carga, como reparto de dividendos, retribución del administrador, aplicación de reservas, incentivos,… etc.
Planificar no es asumir riesgos: es lo contrario. Es ejercer dentro de la ley los incentivos que el propio legislador ha previsto para las empresas que invierten y capitalizan, con una visión de medio plazo que coordine la sociedad con el patrimonio personal del empresario.
Revisamos la forma jurídica, el grupo y las relaciones entre sociedades para que la estructura no penalice tu fiscalidad.
Calculamos la combinación de salario y dividendo de socios y administradores que minimiza el coste fiscal conjunto, sociedad y persona.
Aplicamos reserva de capitalización, reserva de nivelación, libertad de amortización y deducciones por I+D+i cuando proceden a tu caso.
Te decimos antes del cierre qué vas a pagar y qué decisiones quedan a tu alcance para corregir el rumbo a tiempo.
Somos abogados y fiscalistas: planificamos dentro de la ley, con criterio sostenible ante una inspección. Nada de ingeniería de riesgo.
No optimizamos un ejercicio a costa del siguiente. Pensamos la fiscalidad de tu empresa en un horizonte de varios años.
Coordinamos la sociedad con el patrimonio personal del empresario y la empresa familiar, no como compartimentos estancos.
Un abogado fiscalista revisa tu estructura y te dice, con números, cuánto puedes optimizar de forma legítima este ejercicio. Sin compromiso.